LA PUBLICIDAD Y LA TELEVISIÓN
Yael Alcantara Garibay
El cine, desde su aparición con los hermanos Lumière, adquirió relevante importancia conforme su acelerado desarrollo comenzó a tomar la batuta en el crecimiento de su aceptación popular. A mi parecer, el séptimo arte ha sido tan funcional y exitoso por lograr agrupar y concentrar el valor artístico de distintas disciplinas para entregar una obra que puede engullirse desde el análisis profundo o como mero entretenimiento, dependiendo el espectador.
Ahora, el auge cinemático
propició la necesidad tecnológica de llevar a casa de todos aquellos que
desearan imagen en movimiento, un dispositivo capaz de replicar el éxito del
cine, llegando así a la invención de la televisión, que siguiendo los pasos de
su predecesor (el cine), mostraría una fácil adaptabilidad a los deseos del
consumo social, por ejemplo, la imagen a color que no tardó en llegar.
La invención televisiva es un
hito de innovación que sin complicaciones puede establecer un punto de
inflexión en la manera en que comprendemos a la cultura mundial, tanto por el
registro de eventos fotográficos que pueden llegar a todos con un televisor,
hasta la manera de gastar el tiempo de ocio.
Resulta que conforme la
televisión comenzó a adoptar un punto central en los ejercicios lúdicos de las
familias occidentales, nuestra interacción con los medios comenzó a modificarse
en su totalidad, de donde surge la premisa de José Saborit en su libro La
imagen publicitaria en la televisión (1988), donde nos dice que “La
mediatización incontrolada de nuestra experiencia es preocupante”.
Los medios como los concebimos
actualmente no siempre tuvieron la omnipresencia que parecen tener,
principalmente con lo relacionado a internet, pero esta mediatización excesiva
y de profunda velocidad que comienza a consternar, parte con la televisión,
medio que por cierto desde su aparición ha sido criticado por distintos
personajes, resumiendo sus posturas de descrédito televisivo en 3 enfoques que
pueden irse particularizando, pero generalizadas en:
- A). Masificación de la gente
- B). Reemplazo de la autonomía en la mente humana, sustituyéndola por actitudes conformistas y pasivas.
- C). Promoción de una vida de fascinación y esperanza en la satisfacción hipnótica que provee el mundo ficticio no habitado
Se le dotó el carácter de
unilateralidad a la televisión, que se desmitificaba de medios como la prensa
por poder recibir cartas que retroalimentaran la información. Sin embargo, José
Saborit -sin dejar de lado cuestiones de importancia, cómo la capacidad
televisiva de plasmar la realidad en términos de referencialidad, ocasionando
fenómenos como el asumir que todo aquello acontecido en televisión posee
verosimilitud y relevancia - plantea otros tres ejes que planean contradecir la
perspectiva diabólica de fascinación otorgada a la televisión, los cuales son:
- Recepción: El espectador no sólo recibe información, sino que es un activo procesador que interpreta al mundo de maneras diferentes, determinadas por sus antecedentes y personalidad.
- Cambio de canal: Las posibilidades de elección facilita el cambio de canal, por lo que el receptor no se ve unilateralmente atacado por un mensaje impuesto, él siempre puede huir a este.
- Feedback: El espectador es importante para determinar el éxito de un programa, por
ejemplo “Se puede hablar más bien de la tiranía del espectador y no de su
pasividad, por imponer lo que desea sobre el medio”.
Aparición de la Publicidad y la Propaganda
Para la década de los 60 la tele
ya comenzaba a imponerse (aunque en las casas de algunos pocos que podían
permitirse tener un televisor) como medio de comunicación relevante en términos
macro, por lo que la publicidad y propaganda (sin poder dejar escapar la
posibilidad de hacer uso de todos los recursos a su alcance para promocionar un
bien, servicio o ideología que alimente ambiciones de crecimiento capitalista)
voltean a ver a la televisión. Pero sucede que además de las maniobras
promocionales adaptadas al medio no sólo consiguieron la fusión de sus fines
con el medio, sino que además crearon la situación de la “AUTOPUBLICIDAD”,
donde la misma tele se promociona para establecer hegemónicamente su relevancia
como medio de comunicación. La televisión comienza a venderse a sí misma para atraer
audiencia.
“Toda la
televisión no es más que un gigantesco aparato publicitario. ¿De qué?
Básicamente y antes que nada, de ella misma, de su propia continuidad y
expansión” (Velilla, M; 1970)
Características de los anuncios en
televisión
Es imposible comprender la realidad televisiva si se le
exhume de su carácter publicitario, porque además eso la resignifica y la
configura como emisora de valores diferentes. Algunas de las características
clave del medio son:
La aceleración no es una cualidad
únicamente propiciada por la televisión, sino que es una característica
atribuida en general a la vida de la posmodernidad, puesto que “no es
la propiedad del espacio lo que actualmente confiere poder, sino la propiedad
del tiempo” (Cueso, J; 1982)
Para poder estudiar adecuadamente el
origen, intención e impacto de los anuncios televisivos, es primordial efectuar
una división taxonómica para, con esos parámetros, empezar a clasificar y comprender
mejor ya a los anuncios no como una masa uniforme, sino un entramado de
situaciones interconectadas que utilizan recursos distintos para fines
diferente.
Se plantean distintas propuestas de
clasificar los anuncios, que parten del producto anunciado, o que se enfocan
más bien a la relación sostenida con el televidente, como la estructura
propuesta por Péninou:
- Discurso: Apela al destinatario y el
enunciador aparece en la imagen
- Relato: No cuenta con la presencia directa
del destinatario, y el mensaje se cuenta en tercera persona. Se organiza una
historia que venda
- Discurso-Relato: Es una técnica mixta, que Péninou, por
cierto, no recomienda mucho en medios de difusión estáticos, donde puede
ocasionar problemas en la claridad de su intención comunicativa
A pesar de las numerosas propuestas
de clasificación publicitaria en televisión, la mayoría de aquellos intentos
pecan de ambigüedad. Aun así comparten puntos de vista en común, de los cuales el
autor destaca nueve:
1. 1. Condiciones del Medio
1.1 Medio
publicitario: La televisión como indiscutible medio de aproximación masivo
1.2 Materialidad
televisiva: Uso de imagen y sonido, color, movilidad, planos.
1.3 Relación
entre publicidad y programación: EL momento de anuncio implica un
significado en el macro-discurso televisivo. Tiene que ver el modo y frecuencia
de la inserción, el horario, tipo de audiencia, magnitud de bloques
publicitarios
1.4 Tiempo de Emisión
1.5 Espacio
de recepción: Donde se planea ubicar el mensaje para encontrar a su público
objetivo
2. Condiciones de la relación entre emisor y receptor:
2.1 Condiciones
y proceso de producción: Relaciones entre el anunciante, la agencia
anunciadora, las imposiciones internas y externas de ambos, los presupuestos,
entre otras
2.2 Referencialidad
y decodificación. El mensaje debe ser fácilmente comprendido por el
receptor
2.3 Atribución
de ideales-apelación al espectador: Valores latentes en el espectador al
que se apela y en el objeto
2.4 Fruición:
Placer o gozo al ver el comercial y poseer la capacidad de ser recordado
Publicidad Audiovisual
La posibilidad de narrar historias y de mostrar el producto/servicio a un posible consumidor tuvo que irse detallando en algunos de sus métodos, como la utilización de personajes ideales que se vinculen al producto, la utilización de la psicología del color para cautivar la mirada, la referencialidad icónica del objeto que permite su fácil identificación, la movilidad que juega con lo sentidos del receptor, ya sea dentro de un mismo encuadre o con la utilización de distintos planos que enfaticen ángulos específicos; la utilización de efectos especiales que puedan ser introducidos por ordenador, como animaciones o efectos visuales de alguna otra índole; la selección cautelosa de la música que se empleará según el estímulo que quiera generarse, y el que considero más interesante, la retórica visual.Desde 1973, Donis A. Dondis, en su libro La sintaxis de la imagen, quiso explicar la naturaleza del diseño gráfico con un enfoque gestáltico, lo que dio sustento a la utilización de lo visual como un lenguaje, es decir un sistema de códigos que logran comunicar algo. Y si en la lengua hay sintaxis y semántica, Dondis asumió que en el lenguaje visual esta particularidad no debería una excepción. En otras palabras, descubrió que lo puesto en una imagen no es suficiente, sino que la modificación de recursos en el acomodo visual de la misma va a repercutir en la manera en que será percibida.
1. Valor
ideal atribuido: Idea que se vincula al producto o servicio anunciado
2. Relación
anuncio-referente: interdependencia del anuncio con lo que se vende
3. Esencia:
Exaltación de aspectos inherentes a lo anunciado
4. Metáfora:
Sustitución del objeto por alguna cualidad suya
5. Metonimia:
Puede ser confundida con la metáfora, pero aquí no se sustituyen cualidades,
sino objetos de similares características, por ejemplo un refrigerador por un
hielo
6. Repetición
7. Elipsis:
Supresión de algo que enfatiza su no presencia
8. Hipérbole:
Exageración magnífica de la realidad
9. Lítole:
Exageración de mínimos en la realidad
10. Oposición:
Establecimiento de contrastes
11.
Relación anuncio-espectador: Manera en que el anuncio
conecta con el espectador.
Texto publicitario
La televisión intenta vender. Es por
su naturaleza de impacto visual que privilegia aquello excitante a la vista, y
no tanto a la contemplación lógica. Resulta obvio esperar que por la reducción
de tiempo promocional en televisión (ocasionado por la alta demanda), la
publicidad televisiva no se valga de mucho de texto escrito, porque al
necesitar esta ser decodificada de manera veloz y sin análisis profundos que
noten la minuciosidad del detalle en el color, la movilidad de plano, y la
alteración de la realidad que exalta el producto, no puede demandar al receptor
que se detenga a leer. Aquello que aparezca escrito debe ser limitado a
cuestiones de rápida notoriedad, tales como “NO GASTES MÁS”, “LLAMA YA”.
Saborit, J. (1988) La imagen publicitaria en televisión. Madrid: Ediciones Cátedra.
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